Pablo Emilio Guarin Vera paramilitar recordado como un heroe pacificador por los medios
El caso paradigmático del artículo de 1987 "Un hombre de pantalones", de El Tiempo, publicado tras el asesinato del político liberal Pablo Emilio Guairán Vera por las FARC, para develar los mecanismos narrativos que persisten hasta hoy en la cobertura mediática del conflicto.
Guarín era parapolítico militante del partido liberal y reconocido por ser uno de los pioneros del "emprendimiento" de los grupos paramilitares en Colombia
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Fernando Florez
16 de febrero de 2026, 4:28 a. m.
Recorte de El Tiempo ejemplar del 17 de Noviembre de 1987
En Colombia, el conflicto armado no solo se disputó en selvas y montañas: también se libró en las redacciones. Durante décadas, los grandes medios tradicionales —especialmente aquellos alineados con el establishment político y económico— operaron como actores no neutrales en la construcción de sentido sobre la violencia. Lejos de ser meros cronistas, estos medios adoptaron marcos narrativos (framing) que simplificaron un conflicto estructuralmente complejo en una lucha binaria entre "democracia" y "terrorismo", entre "héroes civiles" y "bárbaros guerrilleros".
Durante la década de los 80 el diario El Tiempo se refería a personajes fundadores del Paramilitarismo como el caso de Pablo Emilio Guarin que con técnicas discursivas deliberadas —léxico valorativo, selección de fuentes, omisión de contexto y construcción de arquetipos morales— el periodico El Tiempo naturalizo un sesgo informativo que despolitizó las causas estructurales del conflicto (desigualdad, exclusión, latifundio), criminalizó unilateralmente a la guerrilla, invisibilizando responsabilidades estatales y paramilitares y legitimó políticas de confrontación militar como única salida viable.
El artículo de 1987 "Un hombre de pantalones", publicado tras el asesinato del prapolitico liberal Pablo Emilio Guairán Vera por las FARC, para develar los mecanismos narrativos que persisten hasta hoy en la cobertura mediática del conflicto.
Para Robert Entman (1993), el framing es el proceso mediante el cual los medios "seleccionan algunos aspectos de una realidad percibida y los hacen más salientes en un texto comunicativo, con el fin de promover una interpretación particular". En contextos de conflicto armado, este mecanismo adquiere consecuencias políticas concretas: define quién es víctima y quién victimario, qué violencia es "legítima" y qué violencia es "terrorismo".
En Colombia, el framing dominante en medios tradicionales durante las décadas de 1980-2000 operó bajo tres ejes:
Dicotomía civilización/barbarie: El Estado y sus aliados como defensores del "orden democrático"; la guerrilla como fuerza irracional ajena a la sociedad.
Individualización del conflicto: Reducción de causas estructurales a enfrentamientos entre "buenos" y "malos".
Silenciamiento selectivo: Omisión sistemática de voces críticas, campesinas o de víctimas de agentes estatales/paramilitares.
Asi, el título de "Un hombre de pantalones" no es casual. En el imaginario colombiano, la expresión evoca virilidad, coraje y honor. Al aplicarla a Guarin Vera, el medio lo eleva a la categoría de símbolo moral: no es un político con agenda específica, sino un "hombre de principios" asesinado por la "cobardía guerrillera". Esta heroización deliberada cumple una función política: transforma un evento violento en un acto fundacional que legitima la confrontación armada como defensa de valores nacionales.
La dicotomía léxica: inteligencia vs. fuerza bruta opone sistemáticamente que "En una lucha sin cuartel impuso su inteligencia sobre la fuerza de las FARC"
Esta oposición no es neutral: posiciona a Guairán como representante de la "razón democrática" y a las FARC como fuerza irracional y primitiva. El léxico refuerza esta división, un Guarin "idealista", "protector de desprotegidos", "demócrata" y unas FARC: "miserables", "asesinos de indefensos", "enemigos de la democracia". Nunca se explica por qué las FARC lo consideraban un objetivo (¿su rol en desplazamientos? ¿alianzas con terratenientes?). La ausencia de contexto convierte la violencia guerrillera en un acto sin causa, mero "terrorismo".
El artículo cita extensamente al hijo de Guarin como la voz autorizada en un testimonio emocional como prueba moral: "Las FARC mataron todos los días a indefensos campesinos arrodillados", este testimonio cumple dos funciones claras por un lado humaniza al héroe mediante el dolor familiar y deshumaniza al enemigo mediante adjetivos morales ("miserables").
Críticamente, no se contrasta esta versión con testimonios de campesinos afectados por políticas de Guarin o por la violencia estatal. La fuente única (el duelo familiar) se presenta como verdad objetiva, técnica clásica del periodismo de guerra que prioriza la emoción sobre el análisis estructural.
Por otra parte lo que el cubrimiento de la noticia silencio fue el rol del Estado en la escalada de violencia (ej.: operaciones militares indiscriminadas), no se alude al surgimiento de paramilitares en la misma zona (fenómeno paralelo a las FARC en los 80) ni se contextualiza la lucha por la tierra que motivaba a comunidades a apoyar —o resistir— a actores armados. El tiempo redujo el conflicto a una lucha moral entre individuos, no a una crisis política con raíces históricas.
Hoy, en la era de la posverdad y las redes sociales, el reto es mayor: desmontar décadas de narrativas sedimentadas para construir una memoria histórica plural, incómoda y verdaderamente reconciliadora. Como escribió el periodista Darío Acevedo: "Contar la guerra no es repetir el parte militar. Es develar las estructuras que la hicieron posible".
Referencias conceptuales para profundizar
Entman, R. (1993). Framing: Toward Clarification of a Fractured Paradigm.
Ronderos, M. T. (2014). Guerra y política: las FARC y el Partido Comunista.
CNMH (2013). ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad.
Van Dijk, T. A. (2005). Racismo y análisis crítico del discurso.
Este análisis no busca exculpar a ningún actor armado ilegal, sino evidenciar cómo los medios tradicionales contribuyeron a una comprensión sesgada del conflicto, obstaculizando caminos hacia la paz con justicia.